Contar historias es un modo de vivir y enfrentarnos a la vida, lo más misterioso, excitante, doloroso y fascinante que conocemos.

Contar historias es crear y comunicarnos, observar lo que nos rodea y observarnos, explicarnos, aprender, soñar y desear. Puede ser un arma de guerra o de seducción. Es también rebelarse y no callar. Es, por encima de todo, curiosidad, construir puentes que nos permiten llegar a lo desconocido, y no dejar al miedo, la desidia o el aburrimiento que nos paralicen. El aburrimiento es la peor de las enfermedades, la única que nos permite seguir viviendo después de muertos.

De niña, inventaba historias para huir de un mundo que detestaba. Más tarde, contar historias acabó siendo un modo de ganarme la vida. Soy una cuentista. Vivo del cuento. Aunque haya hecho muchas cosas distintas, nunca he dejado de contar historias, reales o imaginadas, a veces utilizando el nombre de Vampirella, una superheroína con todos los poderes de una vampira, pero sin sus debilidades. He logrado hacerlo -desde los 17 años- en radio, televisión, revistas o periódicos (en más de veinte medios de comunicación). He dirigido películas (documentales o de ficción) y escrito varios libros. Además, he trabajado en la organización de diferentes acontecimientos culturales.

Por otra parte, me dedico también al estudio de la sexualidad, tengo un Master en Sexología, y he publicado trabajos relacionados con esa disciplina científica.

He recibido importantes premios periodísticos, literarios y cinematográficos.

Nunca he temido traspasar límites.